sábado 26 de abril de 2008

Queremos paz

La quema de brujas y herejes es cosa del pasado, claro.


Al parecer, todo el mundo desea la paz en Colombia. En este año se han organizado al menos dos marchas importantes clamando por la paz y la justicia, el fin del secuestro y la violencia en nuestro país, en las que millones de personas participaron. Todo pareciera indicar que la llamada sociedad civil se considera ajena al conflicto y a sus causas, de manera que sus iniciativas provienen del ejercicio constante de la tolerancia, la equidad y otros valores imprescindibles en una sociedad pacífica y democrática.

El problema es que tales valores no son para nada comunes en nuestro país, y no pasan de ser un recurso trillado en el discurso de algunas instituciones políticas, jurídicas y educativas. En otras palabras, la gente no es tolerante, no considera como sus iguales a gran parte de sus conciudadanos, ni es solidaria -a menos que se trate de su grupo social cercano. Creo que, en la gran mayoría delos casos, eso convierte a esas manifestaciones tan populares en simples ejercicios superficiales de retórica. Debajo fluyen todavía las condiciones para continuar la violencia.

Prueba de todo esto es la patente muestra de intolerancia y descriminación que se está dando en el caso de dos adolescentes lesbianas, quienes hace unos meses no fueron admitidas de nuevo al comenzar el año escolar en el colegio "Leonardo Da Vinci" de Manizales. Las directivas defendieron su decisión alegando constantes actos de indisciplina por parte de las estudiantes. Luego de que sus familiares interpusieran una acción de tutela, el juez determinó que su comportamiento y su nivel académico estaban lejos de la descripción dada por las directivas, fallando a favor de las estudiantes y considerando el hecho como una violación de los derechos fundamentales a la diferencia sexual, al libre desarrollo de la personalidad y a la igualdad. Por otro lado, una carta firmada por 90 de sus compañeras pedía su que se les permitiera de nuevo la entrada al colegio. El fallo determinó que debían ser reintegradas al colegio. De acuerdo con Caracol radio, esta era la situación antes del fallo:

El Defensor del Pueblo, Gustavo Restrepo Pérez, indicó que fue necesario llegar a esa instancia por la actitud de la rectora del colegio de enseñanza secundaria que se niega a recibirlas, aduciendo que su condición es un mal ejemplo para el resto de alumnas, cerca de mil matriculadas en los diferentes grados.

Según el funcionario, fue imposible una conciliación y la rectora no acepto la propuesta de que una de las estudiantes asistiera a clases en la jornada de la mañana y la otra en la tarde. Tampoco acogió la mediación y las recomendaciones de los abogados de la Secretaria de Educación del municipio de Manizales. Dice que prefiere renunciar o ser trasladada a otro colegio.
Obviamente esta maravillosa educadora no considera un mal ejemplo el ejercicio abierto de la intolerancia. Después de todo la intolerancia ejercida sobre las minorías parece ser un mal menor, como muchos otros. El "buen" ejemplo cundió, finalmente, y esta semana, cuando las jóvenes hacían el papeleo correspondiente para volver al colegio, se encontraron con una manifestación por parte de un numeroso grupo de estudiantes en la que les decían abiertamente que no las querían en su institución. Según El Tiempo, en su sección "Café y otras noticias", el abogado Guillermo Rodríguez, apoderado de la rectora, afirmó que

"Sería el colmo que en Manizales toque crear un colegio solo para lesbianas, otro para marihuaneros y otro para negros".

La perla del día. Ante tal demostración, el defensor del pueblo, el encargado de velar por los derechos de los colombianos, mostró su preocupación, afirmando según el diario La patria:

“con el comportamiento de la jornada de la mañana se están violando esos derechos que el juez ordenó tutelar”.

Agregó que “habrá que revisar si los proyectos educativos institucionales están alcanzando formalmente un éxito porque logran indicadores o hay que revisar esos alcances desde el contenido”.

Manifestó su preocupación por la contribución de las nuevas generaciones en un proceso de paz, si en un escenario urbano se presentan estos casos. “La Defensoría va a insistir hasta el cansancio en que tenemos que construir un verdadero proceso educativo con base en derechos y deberes. El trabajo empieza a partir de la sentencia de tutela”.

Me pregunto qué tipo de actividades organizaría la ejemplar rectora el día de la marcha contra las Farc, el secuestro y "todas las formas de violencia". Me pregunto cuántos de esos manifestantes la apoyan en este momento, y cuántos consideran que la paz nada tiene que ver con la tolerancia y la defensa de los derechos básicos de mi gente colombiana.