El Discovery Channel es una rentable forma de entretenimiento. Los conteos sobre récords de animales, los supuestos fieles documentales sobre historia natural y, sobre todo, los especiales centrados en la especulación pseudo-científica, cautivan fácilmente a las grandes audiencias. Después de un par de programas la gente acaba pensando que realmente sabe sobre los temas abordados superficialmente en ellos.
El problema es, obviamente, que la gran audiencia rara vez tiene contacto con la investigación científica seria. La ciencia de verdad puede llegar a ser muy aburrida, precisamente porque es lo contrario de lo que nos presenta el Discovery: no hay verdades sensacionales, ni fáciles de explicar. No hay resultados salidos de un par de datos mal conectados, ni las investigaciones concluyen siempre en lo que la mayoría de la gente espera. Los científicos serios rara vez investigan sobre temas de moda, o a partir de los Best Sellers de temporada.
Un excelente ejemplo de la seriedad estos mal llamados canales de difusión científica es el ¿documental? "La tumba perdida de Jesús", en el que se presentaban evidencias sobre el hallazgo de la prueba de pruebas contra la resurrección, la base del cristianismo: el fundador de esta corriente había muerto, luego de tener descendencia con María Magdalena, y sus huesos probaban que había sido un mortal como cualquier otro. Luego de las cantidades enormes de dinero que produjo "El código Da Vinci", aparecía curiosamente este informe super-científico corroborando parcialmente sus especulaciones. Por otro lado, James Cameron estaba detrás de la película, dirigida por Simcha Jacobovici, dándole aun más seriedad al conjunto.
El pequeño problema es que los especialistas relacionados con esas excavaciones -arqueólogos, teólogos, historiadores- llegaron hace poco a un consenso muy alejado de las conclusiones del documental. En este texto , Jodi Magness, miembro del Archaeological Institute of America, lo deja bien claro:
By first making the announcement in the popular media, those involved have precluded legitimate and vital academic discourse. This is because it is impossible to explain the many flaws of their claim in a one-minute segment on TV or the radio, or in 2-3 sentences in the newspaper, as I have been asked to do repeatedly since the announcement was made. The history and archaeology of Jerusalem in the first century are far too complex to be boiled down to a short sound bite, yet that is precisely what has happened here. This is a travesty to professional archaeologists and scholars of early Judaism and Christianity, and it is a disservice to the public.Para más detalles tenemos este artículo de la National Review, una revista re-goda gringa, y este otro en la revista Cambio. Podemos llegar a un juicio bastante claro en este caso: el seudo drama presentado por el Discovery no era más que entretención común y corriente, sólo que disfrazada de investigación científica, a la que los medios reaccionaron como era de esperarse.
No falta el ingenuo que usa este tipo de basura como material educativo, creyendo que ésta es la mejor entrada para sus estudiantes al mundo de la ciencia. Pero ¿acaso el fraude y el sensacionalismo pueden ser la entrada al conocimiento? ¿No debe ser la ciencia un antídoto contra eso?

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